La mística de reinstalar
De modo imperdonable había abandonado mi portátil a su suerte durante los últimos meses. He de admitir, avergonzado, que lo empleaba únicamente para leer algún documento. Pero hace unos días recordé que había salido una versión nueva de Debian, … y me tentó.
Volver a ver las pantallas de texto plano, navegadas por ncurses, la barra de resalte controlada por los cursores, grub, exim, less, vim, esos viejos conocidos que han vuelto. La instalación fue como la seda, ninguna pregunta cósmica ni duda existencial, los repositorios funcionaron de maravilla, los debs bajaron como un manso río.
Ver esa pantalla imposible de la carga del XServer, y el gdm, frío y eficaz, tan Unix.
Como el viajero que vuelve a su ciudad y se sorprende al ver que aún siendo la misma, ha cambiado. Nuevas caras, algunos conocidos algo más maduros, viejos compañeros que han sido abandonados en la orfandad de paquetes …
Podría seguir así toda la mañana, Debian no te deja tirado.
Escribo esta entrada desde el portátil, han vuelto las peleas con las fuentes del núcleo, los módulos de memoria y los mensajes de email a la cuenta redireccionada del root. ¿Quién podría decir que se podía echar esto de menos?