s’ou bisnis

En Santiago de Compostela he conocido a bastante gente del mundo de la animación. Son profesionales muy perfeccionistas (sí, aún más que los linuxeros), habitualmente adoran el trabajo que hacen y les gusta creer que tienen su prestigio entre otros profesionales del gremio.
Fuimos a ver la película del estudio Dygra: “Sueño de una noche de San Juan”. No quiero comentar nada acerca de la adaptación de sueño de una noche de verano. Salimos del cine y estuvieron hablando un rato acerca de qué les había parecido la película desde el punto de vista técnico.
Dejemos claro que estaba acompañando a miembros de otro estudio de animación; los juicios fueron duros y no me parecieron exagerados. Incluso yo vi algún fallo, y soy un profano en la materia. Se machacó cada plano, cada personaje, algunos detalles del guión, animaciones, todo tipo de aspectos técnicos, etc. Sin embargo, hacia el final de la conversación alguien comentó:

“la película será mala, pero la han vendido”

Esto provocó un silencio valorativo. Estaba claro que ellos, en su compañía, estaban produciendo un film técnicamente muy superior, pero, ¿la venderían igual de bien que Dygra? Esta duda me llevó a otra: ¿merece la pena hacer un producto perfecto cuando el éxito del mismo está más allá de sus cualidades técnicas? Esta anécdota parece enfatizar el auténtico valor del márketing para cada producto se quiera lanzar al mercado.

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